20 de mayo de 2013

Testo Yonki, de Beatriz Preciado


Quiero comenzar advirtiendo que Testo Yonki excede los límites del ensayo convencional tanto por  las personalísimas conclusiones que extrae –con total independencia de las que promovería cualquier grupo de opinión interesado en estas materias-, como por su insólita combinación de dos géneros: el ensayo en sí, que ocupa la mayoría del volumen y las pinceladas autobiográficas de explícito contenido erótico.
 
Beatriz Preciado es filósofa de formación y adscrita a la corriente feminista. Se doctoró en Estados Unidos y ha colaborado con Jacques Derrida en París. Estudiosa de la filosofía de género y abanderada de la teoría queer -según la cual, la división por sexos es una construcción artificiosa de la sociedad moderna sin ningún fundamento real-, es considerada uno de sus expertos más reputados a nivel internacional.
Deudora de toda una literatura para iniciados, a veces demasiado abstracta, la obra resulta en un principio, algo abstrusa para el profano, hasta que acaba familiarizándose con los conceptos que presenta. Sin embargo, sus manifestaciones no dejarán a nadie indiferente. Por su carácter polémico, porque los asuntos que expone afectan a todo el tejido social y por la forma de presentarlas. Su principal recurso literario, probablemente connatural en ella, y por eso mismo de lo más convincente, es la hipérbole. Preciado, no solo la utiliza a raudales, ella misma es hiperbólica, o así se lo parece al lector.
En ocasiones, la voluntad de provocar parece incompatible con lo que entendemos por un estudio serio. No obstante, es efectiva: no solo consigue transmitir sus ideas, además las graba en nuestra memoria a base de mantener la tensión y hasta la emoción como solo la poesía o la narrativa pueden hacerlo. Cuestión muy distinta es que comulguemos con todo lo que afirma.
El título alude a la adicción que provoca la administración voluntaria de testosterona con el fin de producir un organismo más vigoroso y estimular la aparición de caracteres sexuales secundarios.
Hormonas sintéticas, píldora anticonceptiva, cirugía estética y/o genital, Prozac, Viagra, prótesis diversas, pornografía. Nos encontramos en una fase de la civilización definida como fármaco-pornográfica, porque la acción de la técnica se produce en el interior de nosotros mismos, condiciona nuestro organismo y lo modifica, así como sus respuestas. Así pues, no solo somos los consumidores de los productos ofrecidos por la multimillonaria industria moderna, lo novedoso consiste en que ahora esta forma parte de nosotros.
En cuanto a la teoría queer y su negación a ultranza de la división por sexos, le encuentro un fundamento real, pero entiendo que sus defensores lo han exagerado como conviene a sus intereses. Entre Marilin Monroe y Gary Cooper (por poner dos ejemplos míticos y por tanto conocidos por todos) existe un continuum en el grado de masculinidad y feminidad pero también una línea divisoria clara entre ambas esferas, línea lo suficientemente ancha como para que cierta cantidad de individuos se encuentren en tierra de nadie. Puede que, efectivamente, en un futuro el relativismo sea mayor que ahora, pero los sexos seguirán existiendo por la sencilla razón de que los produce la naturaleza. También la tecnología ha conseguido estructuras de plantas escalonadas alimentadas por un sistema de irrigación ascendente y no por eso los árboles van a dejar de existir. La autora, mediante sus experimentos con la testosterona, parece haberse convertido en el Michael Jackson del género, ojalá esta flexibilidad sirviese para eliminar los prejuicios hacia las mujeres o, al menos, para atenuarlos. No obstante, tengo la impresión de que, al dar por supuesto que existe un cerebro con rasgos sexuales independientes del cuerpo que lo sustenta, se camina justamente por la senda contraria, la del más peligroso sexismo.
Todo esto conduce a la cuestión de la transexualidad. Preciado está contra el victimismo que ha adoptado el colectivo más visible, también contra la institucionalización del cambio de sexo. Este debería consistir en una decisión personal, sin tutela institucional ni intervención de la psiquiatría, allá cada cual con las consecuencias. Personalmente, me parece la postura más sensata. Cualquiera que conozca medianamente el procedimiento sabe que las respuestas de los test están amañadas de principio a fin, que la información corre como la pólvora entre los aspirantes y si hay que decir que se jugaba con muñecas desde el vientre materno se dice y a otra cosa. Pero es que toda esa batería de preguntas me parece plagada de prejuicios machistas, no creo –insisto- en un cerebro femenino y otro masculino, por tanto es imposible que entre cuerpo y mente existan discrepancias. Que a una niña le gusten las motos no significa que sea un varón en potencia. Aparte de eso, considero que todo el mundo tiene derecho a cambiar de sexo cuando le venga en gana, eso sí, sin financiación pública, porque lo del error de la naturaleza, como yo ya pensaba y se desprende de las afirmaciones de Preciado, no es más que un camelo que nos han obligado a tragar. Tampoco me parece justo para los conciudadanos que se autorice un cambio oficial de nombre, cada uno puede ser lo que quiera pero el resto tenemos derecho a saber con quién nos relacionamos y no quiero que se me oculte la identidad real de nadie. Naturalmente, los que se encuentran aún en proceso de cambio, estudiándose las respuestas y engañando a los psiquiatras para lograr que las autoridades consientan no pensarán lo mismo.

Como anécdota, una curiosa paradoja. Preciado sostiene, por una parte, que la píldora anticonceptiva, con su aporte de estrógenos, incrementa la apariencia de feminidad,  por otra, que el contacto prolongado con el compañero sexual produce un aporte de testosterona a través de la dermis que contribuye a masculinizarla. No sé si estas observaciones están contrastadas por la ciencia, en todo caso, los efectos se neutralizarían, supongo. De cualquier modo, Preciado, en aras del feminismo, aboga por un futuro en el que las mujeres utilicen las técnicas farmacológicas y quirúrgicas para suprimir los rasgos que las identifican. Un precio demasiado alto, incluso si el objetivo es la igualdad y el respeto social: la autora parece haber olvidado que a la inmensa mayoría de las mujeres les agrada parecerlo. Por otra parte, suponer que, por administrarse testosterona en dosis compatibles con la salud, pegarse unos cuantos pelillos en el mentón y moverse con gestos bruscos, los hombres van a tratarnos como a iguales me parece de una ingenuidad conmovedora. Sin embargo, no cabe duda de que la masculina arrogancia de Preciado -unido al rigor de sus planteamientos- le ha acarreado un respeto profesional que, quizá, de otra forma le hubiese costado conseguir. Y esto no hace más que constatar la versatilidad y virulencia con que –amparado por excusas hipócritas- se manifiesta el sexismo de hoy día.
 

6 comentarios:

  1. Exhaustivo comentario, Montuenga! Desde luego, Testo Yonqui no deja indiferente a ningún lector. No sé, me da la sensación de que malinterpretas algunas de las intenciones finales de Preciado. Es verdad que ese tono provocador que tiene puede llevar a equívocos. Pero a mí no me parece que en ningún momento abogue por un futuro en el que las mujeres supriman los rasgos que las identifican. En todo caso, por lo que recuerdo, lo que creo que dice es que esos rasgos, tanto los femeninos como los masculinos, son culturales, construidos y en ningún caso naturales (y los que no lo eran, han devenido culturales con la aparición de la tecnología hormonal) y, en segundo lugar,que en cuanto rasgos culturales no deberían imponérsele a nadie. O sea, que no es que todas las (bio)mujeres deban hacer como ella y meterse testosterona, sino que deberían poder hacerlo sin problema las que así quieran, y exactamente igual en el caso de los (bio)hombres. En fin, que una supuesta complicidad de Preciado con alguna forma de sexismo, la verdad, me parece que no es el caso. No puede haber sexismo si lo que haces es desmontar el sistema mismo de los sexos, ¿no?

    Un abrazo,
    Jaime.

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    1. Hola Jaime. Gracias por leernos.

      Por supuesto, tanto la teoría de la construcción cultural como la proclamación de libertad (con la que me manifiesto de acuerdo) están en mi reseña. Pero también creo entender que da un paso más allá para nivelar las desigualdades machistas. Esta última parte mucho más anecdótica, las otras dos formando parte de la tesis del ensayo. Puede que esté equivocada, porque también hace tiempo que lo leí, pero es lo que creo.

      Saludos

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  2. ..."También la tecnología ha conseguido estructuras de plantas escalonadas alimentadas por un sistema de irrigación ascendente y no por eso los árboles van a dejar de existir" Me gusta mucho este símil. Estoy totalmente de acuerdo en el papel de la biología en todo este asunto y me sorprende que Preciado, que creció en un mundo muy tradicional según ella misma cuenta, reniegue de esa manera de la naturaleza. Si todo fuera una construcción social ¿no debería ella formar parte de esa sociedad? ¿es que no había nada en su naturaleza que la hacía revelarse?
    En lo que no estoy de acuerdo es en que no se requiera un examen médico y psiquiátrico para someterse a una operación de cambio de sexo. Atrás han quedado los tiempos de la medicina paternalista en el que el médico decidía por el paciente, pero eso no significa que no tengamos derecho como sociedad y como individuos a que se nos proteja frente a una mala práctica. No conozco los cuestionarios psiquiátricos a los que alude Preciado, pero me puedo imaginar que forman parte de una evaluación psiquiátrica más amplia, no tanto encaminada a decidir si está indicada la cirugía (que en eso la voluntad del paciente, si él se lo paga, debería ser suficiente), sino a descartar que este contraindicada. Por otro lado, en cuanto a la financiación pública, pienso que no se deben meter todos los casos en el mismo saco. Aunque pueda haber casos en los que se trate de un deseo personal de cambiar de sexo sin más, en otros hay una causa orgánica clara.
    En fin, esta es mi opinión.
    Enhorabuena por la reseña. Desde luego que entender, sintetizar y explicar tan claramente Testo Yonki (bueno, y leerlo) no es nada fácil. Y hacerlo con estilismo, menos.

    ChS

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    1. Eso creía yo, Charo, antes de tener que documentarme para un trabajo que hice hace tiempo. Pero las causas orgánicas claras son una forma de hermafroditismo humano, que ocurre muy raramente, y que se trata desde siempre sin problemas.

      Este asunto se puede equiparar a otros deseos que hoy pueden satisfacer las modernas tecnologías y cuyo origen orgánico no conlleva un cambio de sexo. Pero, aunque esté contraindicado, supone una decisión personal.

      Muchas gracias por lo que dices, un beso.

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  3. Qué difícil es entender todo esto. No avancé mucho en el libro, pero por lo que dices tengo la impresión de que la autora en su afán por eliminar diferencias iría a por la masculinización de todos los seres humanos. No entiendo qué ventaja tendría eliminar las diferencias, ni menos aún si esa uniformización se diera en la masculinidad. Más bien creo en que habría que cambiar la forma en que juzgamos a los demás, la forma de encasillar a todas las personas en uno u otro lado, en lugar de dejarlas vivir en la frontera, o cruzar de un lado para otro si les da la gana. En todo caso, la autora consigue hacernos replantearnos muchas cosas y eso es un logro innegable. Intentaré algún día leerlo, pero mientras ¡gracias por el resumen!

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  4. Bueno, eso de la masculinización es una anécdota más. La idea es más profunda, hay que leerlo despacio, sobre todo si, como yo, no se tiene formación filosófica. Pero es interesante porque afecta muchos aspectos de la vida y nos atañe a todos.

    Eso que dices de "dejarlas vivir en la frontera y cruzar de un lado para otro si les da la gana" es lo que opino yo también. Pero se puede hacer sin pasar por el quirófano, creo que hay mucho condicionamiento, a unos se nos intenta hacer creer que seremos más felices si parecemos jóvenes, delgados o si tenemos un rostro más perfecto, a otros con el cambio de sexo. Y la cirugía manejando unas cifras millonarias. Veo mucha irresponsabilidad en esto, los sueños de la gente no se deberían usar para lucrarse.

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