28 de septiembre de 2022

TERTULECTOS, UNA NUEVA MIRADA - EXPOSICION DE FRANCESC CATALA-ROCA

 


No hemos parado, ni mucho menos, hemos ampliado nuestro campo de acción. Ahora leemos, miramos, escuchamos, tocamos y degustamos. Los cinco sentidos para tomar el pulso a la actividad cultural de nuestro entorno.

Para iniciar esta nueva dimensión de Tertulectos el 29 de junio realizamos una visita a la exposición fotográfica “Francesc Català-Roca. La lucidez de la mirada”. Un título premonitorio para esta nueva etapa de Tertulectos. Una visión más amplia, mas sensorial y más lucida sobre lo que se cuece. Todas las actividades artísticas se complementan y su observación y disfrute permiten una visión más global de la cultura actual.

Fue un placer regresar a ese edificio industrial de ladrillo rojo y estilo neomudéjar ubicado en el barrio de Delicias de Madrid y que en un pasado reciente fue la fabrica de Cervezas El Aguila. Este conjunto arquitectónico junto a otros similares que se encuentran en Legazpi conforman un nuevo eje cultural que aportan creatividad y aglutinan  una intensa actividad cultura al sur de Madrid. La normalidad de nuestra actividad siempre es una anormalidad. Esta vez se juntaron las restricciones de movilidad provocadas por la Cumbre de la OTAN que se celebraba eso días en Madrid y los mas de cuarenta grados a la sombra de los que disfrutábamos.

El complejo El Águila alberga de forma permanente el archivo regional de la Comunidad de Madrid, una biblioteca y un almacén con miles de fotografía de Santos Yubero, otro ilustre de la cámara que contribuyó con sus instantáneas registrar la memoria colectiva de toda una generación. En una de las salas del recinto está expuestas una pequeña selección de su obra relacionada con oficios desaparecidos como los serenos y algunas actividades artesanales.

Me he ido por las ramas porque El Águila es un contenedor en si mismo que merece ser visitado en cualquier momento, aunque esta vez la excusa fue la exposición que PHOTOESPAÑA montó allí durnte todo el verano de 2022. Su título: Francesc Català-Roca. La lucidez de la mirada (en este enlace se puede ver algunas de las características generales de la exposición). La selección mostrada recogía una visión imprescindible para el público que no está familiarizado con la obra de este fotógrafo catalán del que este año conmemoramos el centenario de su nacimiento.

La lucidez de la mirada de los Tertulectos que visitaron la exposición nos dejó algunos comentarios y una selección de sus obras preferidas.

¿Monja despistada?

Catalá capta esta imagen de la hermana, siendo consciente del contraste que existe entre el primer plano de ella y el anuncio de bailes de disfraces, wisky y elección de miss minifalda, carteles en los que ella, probablemente no se fijó.

No sabemos si la hermana estaría esperando a algún acompañante/a de la orden para ir a censurar y reprender a los organizadores de tales despropósitos o quizá para asistir ella misma, camuflada, para desahogarse y liberarse de aquellos años casposos en los que toda España vivía.

Composición, contraste y memoria

Lo primero que me llama la atención de esta foto es la composición. Me gusta el juego simétrico de las motos alineadas, los carteles en posición descendente y el encuadre entre dos escaleras de tijera. Además, me gusta ese predominio del blanco en una foto en blanco y negro. Y después, cuando me detengo a mirar la foto, descubro nombres de artistas que no conozco y que puede que fueran de tercera división, pero que gracias a esta fotografía han perdurado de alguna manera. Esto me hace pensar en el valor documental que tiene la fotografía y también lo azaroso que puede ser que un fotógrafo capte a alguien o algo y lo haga perdurar.

Creo que estas tres facetas (composición, dominio absoluto del contraste entre el blanco y el negro y documentación de una época) están presentes en todas las fotografías de la exposición. Y, por supuesto, la nitidez. Nos hemos acostumbrado a fotografías rápidas con cámaras del móvil, algunas supuestamente buenas, y damos poco valor a la propia técnica fotográfica, como si eso no formara parte del proceso artístico, como si lo pudiera hacer cualquiera. Pero hacer una buena fotografía, como las que se ven en esta exposición de Catalá Roca, está solo al alcance de muy pocos.

La perfección técnica. Foto fija, imágenes en movimiento

Hay en toda la obra de Catalá-Roca una invitación a ir más allá de la imagen capturada. Una fijeza que transmite sin embargo movimiento y que alumbra una historia de continuidad a través de las luces, las sombras, los objetos, los personajes y el encuadre. Todas cuentan una historia. 

Para finalizar deciros que ha merecido la pena retrasar la publicación  del relato de esta visita porque en este intervalo de tiempo las dos cajas etiquetadas con Catalá-Roca, que aparecieron hace unos meses en un armario de la Agrupació Fotogràficade Catalunya (AFC) han sido clasificadas y en su sede exponen 12 fotografías que contenían esas dos cajas, 12 auténticas fotos vintage tomadas en 1950 y 1951 y que muestran quién era ya entonces Català-Roca y, sobre todo, en quién se iba a convertir. Son la fotos que solo es capaz de tomar un domador de la luz.

Os dejo el enlace al reportaje que le dedica El Periodico de España a tan relevante muestra y un video del acto inaugural.

https://www.epe.es/es/cultura/20220926/halladas-cajas-perdidas-exquisitas-fotos-75771457

https://youtu.be/ONb_4nmzbc0




2 de junio de 2022

PARAISO, de Abdulrazak Gurnah


En general, su lectura nos ha dejado un poco fríos. Esperábamos algo más del Nobel y nos sentimos un poco decepcionados. Coincidimos en que se trata de una narración amable, bien escrita, pero muy lineal teniendo en cuenta que los temas centrales podrían ser la esclavitud y los refugiados.

La trama gira en torno al viaje iniciático de Yusuf, desde la niñez ignorante hasta la madurez de un joven que percibe la autentica realidad que lo rodea. Un entorno que se nos describe más próximo a un cuento de aventuras con muchos elementos orientales que nos retrotraen a algunas historias de las mil y una noches y un pensamiento anticipativo y mágico del protagonista. No obstante, hay momentos de sufrimiento, violencia y crueldad extrema, pero sin mostrar heridas. También apuntes de situaciones de indudable calado social, pero sin desarrollarlas.

El inicio es prometedor, Yusuf un niño de 12 años vive dentro de la normalidad esperable en un entorno rural del sureste de África. Las deudas que tiene contraídas su padre con el mercader Aziz provocan que este se lo lleve como garantía de pago futuro. Una forma encubierta de esclavitud aunque está narrada como una especie de pupilaje protector. Yusuf se convierte en un servidor del mercader Aziz, pero no hay explotación, maltrato o vejaciones. El niño está descrito sutilmente como un tipo guapo y un tanto andrógino de forma que cautiva tanto a hombres como a mujeres. Llama la atención el desenfado y la normalización con que se vive la sexualidad en un entorno que los occidentales podríamos imaginar muy cerrado. Otro aspecto destacable es la multiculturalidad que existe en la zona, en la que se sitúa a hindúes, chinos, árabes y nativos africanos de distintas procedencias. La acción transcurre en los inicios de las colonizaciones europeos y las fronteras territoriales de Tanzania, Senegal y la región de los grandes lagos, están aún por definir.

En el transcurso de los viajes en los que Aziz acompaña al mercader se producen situaciones en las que se resaltan las dificultades en la relación de los habitantes de la zona: lingüísticas, religiosas, de poder, de abastecimiento y materias primas, de justicia, de intercambio comercial y, por supuesto, los obstáculos naturales que hay que superar para vivir. Todo esto con la amenaza velada de una guerra y una más que previsible invasión de los países europeos.

Todo es paradisiaco, pero el Paraiso no existe ni siquiera en el jardín del mercader Aziz.

Estoy seguro que este libro tiene su público.

REENCUENTRO



¡Por fin pudimos abrazarnos! ¡Que alegría! 
Y, además, pasamos una tarde preciosa y muy completita. Casi una refundación, volviendo a nuestros orígenes, ocupando la plaza pública, la calle, la que inspiró la creación del Grupo y sigue motivando las lecturas y otras actividades Tertulectas. Siempre, intentando comprender el entorno para contribuir humildemente a divulgar cultura y conocimientos y, por supuesto, escalar en nuestro propio desarrollo personal. No hemos perdido ilusión ni ímpetu, Veo que hemos ganado en madurez y profundizado en nuestra amistad. No se puede pedir más.


Extrañamos mucho a Joaquina, Almudena, María e Inna. Hubo cervezas, fotos y muchos abrazos y los mejores deseos y lecturas hasta nuestro próximo encuentro a finales de junio.

Analizamos el libro propuesto para esta sesión: “Paraíso”, de Abdulrazak Gurnah, Premio Nobel de Literatura 2022.



17 de enero de 2016

Monográfico Carmen Martín Gaite


Tertulectos arranca este 2016 con un monográfico. Votamos, casi de forma unánime esta vez, leer a una de nuestras mejores escritoras, una de las más polifacéticas que hemos tenido, Carmen Martín Gaite.

Considerada una de las grandes escritoras del siglo XX, Carmen no fue una escritora afecta a un solo género, sino que manejó con igual soltura la prosa y la poesía, cultivando la novela, el ensayo o el teatro, sin olvidar su gran labor como crítica literaria o traductora (Virginia Woolf, Natalia Ginzburg, Eça de Queiroz, Flaubert o Primo Levi, entre otros muchos).
Debido a esta amplitud de géneros que aborda a lo largo de su carrera literaria, sería  difícil hacer un análisis de su obra completa a partir de la lectura de solo dos de sus libros (no es tampoco ese nuestro objetivo, sino el disfrutar con la lectura y compartir las reflexiones a partir de ellas) pero si tuviéramos que dar unos rasgos rápidos sobre su obra narrativa, podríamos hablar de su gran maestría como contadora de historias, en donde están en permanente conexión el concepto de “realidad” y el de “ficción” que en su obra no representan mundos enfrentados (a pesar de parecer antagónicos), sino que continuamente se intercalan y se confunden. En sus personajes de ficción, a veces lo soñado, lo imaginado, lo recordado o lo leído es más real que lo que les ocurre en su vida cotidiana.
Carmen Martín Gaite, voraz lectora, incorpora a su obra esas lecturas que enriquecen y alimentan su mundo interior, llegando a considerar a muchos de sus escritores leídos como sus “amigos”, una relación amistosa que ella consideraba tan “real” como las que mantenía en su vida y es así como incorpora a su producción aspectos de obras de otros autores.
Como ensayista demuestra la misma capacidad narradora ya que para ella, incluso los hechos históricos, pueden contarse como una novela. Sus ensayos desprenden todos un aire conversacional con los personajes (incluso con la época), sea el conde de Guadalhorce o Macanaz, sus “muertos”, con los que más bien mantiene un diálogo, al igual que con sus “amigos” escritores que no conoce.
Manteniendo nuestro formato habitual (lectura de una novela y un ensayo) leemos El cuarto de atrás, una de las obras donde la autora nos deja en un estado de vacilación entre lo real y lo onírico, lo verdadero y lo inventado, en un perspicaz juego donde nos demuestra su destreza creativa, donde aparecen referencias a otros textos (Todorov, Lewis Carroll, Bataille, Poe, Stevenson, Kafka…) y otros géneros, llamados “femeninos” (por estar destinados a mujeres, claro), como es la novela rosa o el cuento de hadas. Y asomándose de vez en cuando, nos muestra retazos de su infancia, los recuerdos en aquel cuarto de atrás, pintándonos un cuadro genial de la época.
Como ensayo, Usos amorosos de la postguerra española, obra a la que hace referencia varias veces en la novela, en donde de una forma amena pero documentada, nos describe la España que a ella le tocó vivir, reflejando no solo los usos amorosos, sino la vida cotidiana de un país sumido en el oscurantismo de los años del franquismo. En sus ensayos podemos apreciar la versatilidad con la que utiliza el lenguaje, capaz de expresarse con el más culto para pasar a uno más coloquial y divertido.
Al hilo de estas lecturas es seguro que nos surgen a todos muchas dudas y preguntas sobre ella, sobre la forma en que su propia biografía aparece encubierta en su narrativa, sobre si la intertextualidad de la que muchas veces se habla, es tan patente en su obra; cuáles fueron esos autores que influyeron en ella; cómo concibe Carmen a sus personajes femeninos; su reelaboración de cuentos y tradiciones; sobre su comunión o no con la filosofía existencialista, dada la actitud reflexiva e introspectiva de los personajes, el anhelo de un proyecto vital... quizá demasiadas preguntas para una tarde que queda escasa para un personaje tan variopinto, complejo y fascinante como fue Carmiña.
Para debatir sobre estas, y otra muchas preguntas que se plantearán, e iluminar muchos aspectos que desconocemos de su prolífica obra, tendremos la suerte de contar con José Teruel, uno de los estudiosos que mejor conoce su obra.
Profesor titular de Literatura española en la Universidad Autónoma de Madrid y acreditado para el Cuerpo de Catedráticos, José Teruel ha sido también profesor de Poesía española contemporánea en el Instituto Internacional y Visiting Professor en Duke University y La Escuela Española de Middlebury College. A su labor docente se une la investigadora que actualmente se centra en el Proyecto I+D: “Epistolarios, memorias, diarios y otros géneros autobiográficos de la cultura española del Medio Siglo”.
Entre sus muchas publicaciones podríamos destacar, La joven poesía española del medio siglo (1992), Otro marco teórico para el medio siglo: la poesía de Miguel Fernández (2000), Los años norteamericanos de Luis Cernuda (Premio de Investigación Internacional «Gerardo Diego» de Investigación Literaria, 2013), las ediciones de Tirando del hilo (artículos 1949-2000) de Carmen Martín Gaite (2008), la Correspondencia entre esta autora y Juan Benet (2011), y las conclusiones del congreso Un lugar llamado Carmen Martín Gaite (2015). Ha publicado diversos artículos y capítulos de libros sobre la colección Adonáis y la Escuela de Barcelona, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Ángel Vázquez y Martín Gaite, de quien también dirige la edición en siete volúmenes de sus Obras completas, por lo que podemos decir que contaremos con uno de los investigadores más notables de la obra de Martín Gaite.
Pero todo ese saber y buen hacer, es solo una capa que recubre a un ser de una honestidad y modestia intelectual propias solo de las personas verdaderamente inteligentes porque Pepe, como todos le llamamos amigablemente, no solo es amante del rigor en el estudio y del trabajo bien hecho, es alguien de una gran calidad humana, leal a muchos nobles valores, siempre presto a implicarse en cualquier actividad, como venir a nuestra tertulia y regalarnos generosamente su tiempo y su saber, y es por ello que, desde aquí, ya le damos las gracias todos los tertulectos.
Los lectores siempre fuimos para Carmen algo muy importante, siempre nos tuvo muy en cuenta. Estoy segura que su espíritu libre, fantástico y juguetón, rondará en nuestra tertulia y esperamos que, de alguna forma, sienta nuestra admiración y reciba este pequeño homenaje a la gran escritora y valiente mujer que fue.

11 de agosto de 2015

Suburbana, de Claudio Mazza

 LSuburbana en verano cuando era un borrador. La leí de un tirón y llamé corriendo a Claudio para hablar con él de la novela antes de que se me pasara la euforia porque Suburbana me había hecho reír, y pensar, y llorar, porque, en pocas palabras, la novela me había conmovido.
La historia empieza cuando Renzo, que vive en Madrid, recibe la noticia de la enfermedad de su padre y viaja a Buenos Aires para acompañarle en lo que posiblemente sean sus últimos días. En el hospital, conoce a una hermana que no sabía que tenía y a partir de ahí se inicia el redescubrimiento de un padre con el que intuimos que Renzo había tenido más de un desencuentro.
Siempre se dice que la adolescencia es la etapa más difícil porque los adolescentes necesitan distanciarse de sus padres, enfrentarse a ellos incluso, para llegar a ser ellos mismos. Sin embargo, en cierto modo, creo que la verdadera independencia llega cuando el padre o la madre fallecen, cuando dejamos de tener esa mirada aprobadora o reprobadora sobre nosotros y no nos queda más remedio que mirarnos exclusivamente a través de nuestros propios ojos. Al mismo tiempo, liberados también de esa presión, podemos verlos a ellos con una mirada nueva. 

El viaje interior de Renzo y el regreso a los orígenes se desarrollan, con gran acierto, a través de dos historias paralelas: la de Renzo y su acomodada y gran familia, y la de su hermana, Alma, y su trágico y desestructurado entorno. Y es esa doble mirada, la del hombre al que parece pesarle la pasividad de su familia frente a la dictadura, y la de la mujer que añora esa familia de Renzo, que se antepone a sí misma a todo lo demás, y que está dispuesta a lo que sea por sacar al clan adelante, la que enciende también en el lector la chispa de esa mirada nueva. Esa doble historia se refuerza además por una ambientación sabiamente elegida y contrapuesta: los asados familiares para recordar y narrar la historia de Renzo, y el remoto y aislado entorno del Tigre para la historia de Alma.
Un cúmulo de aciertos, en el que la ambientación, el ritmo, los personajes y las tramas sostienen con firmeza los temas de la novela y dejan en el lector un gusto dulce, sanador y apacible que es raro encontrar en la literatura. 

Maite Fernández Estañán

Creo que todos hemos leído Suburbana no sólo ya antes de que la escribiese Claudio, incluso antes de que la imaginase. El mérito de Claudio radica en ponerle las palabras justas, el ritmo adecuado y las situaciones parabólicas imaginativas (y otras no tanto) para situarnos en la caverna que cada uno de nosotros llevamos dentro y colocarnos la mochila que transportamos a la vista de todos. Suburbana forma parte de nuestro ADN, de esa dualidad que nos define: la vida que vivimos de forma real y esa otra exógena, que vivimos a través de los otros o de los acontecimientos que van sucediendo a nuestro alrededor y que nos producen nostalgia, envidia, amor, reproches… y toda la retahíla de sentimientos que creemos propios y que en realidad surgen por yuxtaposición o contraposición al entorno. Y me gusta esa palabra que acabo de citar porque, aunque Suburbana muestra esa dualidad, realmente lo que hace es yuxtaponer, en una estructura perfectamente forjada, fórmulas antagónicas para sumar y decirnos de qué estamos hechos los humanos. Claudio es arquitecto y conoce bien los materiales de construcción, su resistencia, su elasticidad, su poder de atracción… y ahora también su piel y su alma.
Como tenéis que leer Suburbana, de Claudio Mazza, no voy a descubrir la trama, sólo apuntar que me encantan el paraje de El Tigre y el cuaderno de Alma, porque para mí ahí está el verdadero libro; el libro dentro del libro. El resto es vida, que no es poco.

Santiago Báez

Suburbana es una novela profunda en la que se palpa el compromiso del autor con el contexto en los que sitúa a sus personajes y con lo que quiere contar.  Claudio parece haberse dejado el alma en cada párrafo para que entendamos qué ha significado para las personas corrientes, los héroes anónimos como él dice, la historia reciente de su país. Para conseguirlo utiliza un elenco muy amplio de personajes a los que somete a situaciones cotidianas,  como un concurso de talentos infantil con la censura de fondo o una tarde de cine con vuelta a casa en autobús interrumpida por una redada. Pero también los pone a prueba ante circunstancias límite o clandestinas.  Todos ellos sortean la vida de manera muy diferente (desde la militancia activa hasta la aceptación del poder), pero cada uno tiene que convivir con sus propias miserias. Ahora que rememoro la novela, me doy cuenta que me han emocionado más los personajes más débiles, los que sobreviven  sin querer enterarse de lo que pasa. ¿Será que es ahí donde Claudio quería que llegara? No creo. Suburbana no es una novela adoctrinadora. Todos sus personajes están llenos de matices y cada lector se va a quedar con algo diferente.  Claudio narra los hechos con contundencia, sin adornos. Empleando el lenguaje culinario tan presente en su novela,  su prosa es rica y cruda, sin aderezos. Por eso la naturaleza humana flota por encima de cualquier episodio y la novela trasciende su contexto, nos habla de nosotros mismos y nos conmueve. Y si alguien cree que exagero que haga la prueba: a ver si consigue leer el capítulo 1979 sin sentir una enorme compasión ante la cobardía.

Charo Santolaya


Lo primero que pienso al rememorar la lectura de Suburbana es “cercanía”. Hay tantos detalles que me hicieron identificarme con ella que me parece mentira que la haya escrito alguien a priori diferente a mí, y que se desarrolle en un lugar tan distante de mi propio “mundo”. Pero en eso consiste su grandeza: en hacerme paladear un submarino aunque nunca lo haya probado y no case con el pegajoso calor del diciembre bonaerense; en permitir que asista a los asados familiares del 9 de Julio y ayude a la madre a preparar las empanadas como si supiera la receta de memoria; en impulsarme a correr con Alma y su madre huyendo de sus perseguidores por las calles de Tigre; en hacerme reír y llorar al mismo tiempo ante los ceremoniales de un entierro. Creo que aún estoy allí, en Morena y en el hospital y en “El Otro Mundo” y en el jardín del Viejo y en las calles del Madrid que recibe al exiliado. Y nunca estuve. O puede que sí. 

MCarmen G. Galott


Cuando empiezas una novela es difícil adivinar si responderá a tus expectativas y hay que leer algunas hojas hasta ver el rumbo que coge. No es eso lo que ocurre cuando abres Suburbana, no. Esta novela arranca a lo grande, con ecos de esas consagradas novelas familiares que ha dado la buena literatura.
Así es como me atrapó Suburbana, desde la primerita hoja, como el nogal de la bisabuela Otilia atrapó su ira (y sus uñas) el día que la obligaron a criar un hijo que no era suyo.
Solo con esos primeros párrafos sabía que sería una novela que no me dejaría indiferente y mucho menos podría leerla sin que fuera casi del tirón.
Me equivoqué. Al leer la segunda hoja, sentí que me estaban hablando de algo conocido, algo que hablaba de mi propia experiencia y lloré... mucho... La voz de Renzo, su reflexión en el avión sobre la llamada que le comunicaba que su padre se debatía entre la vida y la muerte, era la de tantas personas que un día, sin previo aviso, se encuentran en esa situación y sus vidas cambian en ese preciso segundo. Me dio miedo seguir, lo confieso. La tuve aparcada unos días, había que coger resuello y seguir porque la pluma de Claudio me prometía momentos intensos, de gran placer literario (su prosa es un cóctel de poesía, humor, buen manejo del lenguaje...) pero también me dejaba claro que habría muchos más momentos de emoción. Habría que hacerse al menos con un paquete de kleenex y tenerlo a mano para continuar. Y los usé.
A partir de ahí, me dejé llevar por las calles de Buenos Aires, (porque la ciudad forma parte de ese elenco de personajes que pueblan la novela) como me dejé arrastrar por la vida de unos personajes construidos con mucho amor, con pasión. Y fuimos conociendo a cada uno de ellos. A ese padre respetado, adaptable a las circunstancias, con su secreto oculto durante tantos años, una madre dispuesta a todo por mantener su familia unida (buen ejemplo el parentesco más biológico que afirma que "la sangre es más espesa que el agua"). Alma, gran pilar de la novela, hermana aparecida, que tanto deseó haber tenido una familia estable y que, sin embargo, la vida la obsequió con un sinfín de circunstancias personales e históricas que se lo impidieron y es, a través de ella, con la que Claudio nos pincela muchos momentos de la historia más reciente de Argentina. Y tantos otros personajes secundarios, pero no por ello menos interesantes, que dan armazón a esta preciosa novela.
Quiero señalar también lo que he disfrutado con las preciosas y oportunas citas introductorias de cada capítulo, muestra de las muchas lecturas de Claudio a lo largo de su vida.
La experiencia de la lectura es única para cada lector pero creo que es fácil coincidir en que Suburbana nos habla de sentimientos, algunos muy profundos, y con los que nos identificamos en muchos pasajes. Para mí, es una novela de permanente emoción, de las que arañan el corazón (en el sentido más poético del término) y eso lo hace Claudio como un gran maestro de la palabra.

Carmen Chincoa


16 de abril de 2015

Le Guin o la imaginación disciplinada

Mariano Martín Rodríguez

Con ocasión de la presentación en mayo de 2013 de la traducción inglesa por Ursula K. Le Guin del libro del autor rumano Gheorghe Săsărman, hecha a partir de mi versión española (La cuadratura del círculo), tuve el privilegio de conocer y hablar personalmente con quien ha sido desde mi juventud mi autora de cabecera. Aparte de comprobar que su calidad humana no era menor que su calidad como escritora, pude preguntarle por diversos aspectos de su producción. En una excursión a Salem, la capital de Oregón, desde Portland, su ciudad de residencia, le dije que me parecía que había cultivado todos los géneros de la literatura de lo imaginario, pero que echaba de menos una corriente tan vigorosa como la ficción de terror, desde los educados fantasmas de raigambre victoriana hasta los proletarios y descerebrados zombis tan populares hoy en día. Su respuesta fue simplemente que no le había interesado nunca este tipo de ficción, sencillamente. Por supuesto, no hay leyes en gustos ni colores, por lo que no me pareció oportuno volver a tocar el tema, pero esa respuesta me reafirmó en la impresión de que la imaginación de Le Guin es refractaria a las celebraciones del irracionalismo, a la arbitrariedad con la que se introducen en el mundo ficcional hechos inexplicables e inexplicados, o con que algunos escritores valoran, desde el Surrealismo al Postmodernismo, el hecho de dar rienda suelta a sus delirios pretendidamente visionarios o liberadores. Incluso sus obras supuestamente menos especulativas (entendiendo por ficción especulativa lo que Borges llamaba de «imaginación razonada» y que comentaristas antiguos como Favonio ya supieron distinguir de la fantasía «fabulosa» e irracional) como el ciclo de fantasía de Earthsea (Tierramar) o el magistral relato cercano al equívoco realismo mágico «Buffalo Gals, Buffalo Gals, Won’t You Come Out Tonight» (o «Chicas bisonte, ¿no vais a salir esta noche?», como reza mi traducción del texto) se caracterizan por introducir leyes coherentes en un universo ficcional fantástico que se caracteriza en muchos otros escritores de tales géneros por la tendencia irrefrenable a meter cualquier cosa, en un everything goes que parece rechazar visceralmente Le Guin, igual que su admirado Borges. En Tierramar, la magia no es un procedimiento fácil para resolver problemas argumentales o para sacar de apuros al héroe o heroína, sino que obedece en ese universo a unas leyes tan rigurosas como las naturales de nuestro mundo. En «Chicas bisonte…», la convivencia de la niña humana con los animales antropomorfizados en un pueblo se produce en un universo ontológicamente distinto al empírico, un universo que refleja y reelabora, atendiendo a las preocupaciones contemporáneas (ecología, respeto de la diferencia, neonativismo, etc.), la cosmovisión mítica de los indígenas norteamericanos, ajustándose a las leyes implícitas de dicha cosmovisión. Las cosas no ocurren porque sí, ni aparecen niños con rabito de cerdo o personajes en levitación injustificada, porque le da la gana al «realista mágico» de turno. Le Guin no se deja tentar por tales atajos. 
Ante la complejidad de la realidad, incluida la mítica siempre operativa en nuestra mente, Le Guin responde activamente mediante un planteamiento que persigue una comprensión coherente y global. Este entendimiento del mundo a través de su reflejo ficcional fantástico va mucho más allá de una tentativa de dominio meramente positivista y confiado a la razón pura. Le Guin parece tan refractaria a la reducción del universo a esquemas racionales como a las pretensiones epistemológicas de los seudovisionarios y de los cultores del todo vale. Si consideramos la ciencia ficción, esto es, el género más razonado de los centrados en la creación de fantásticos mundos posibles, observaremos que Le Guin no solo lo ha cultivado amplia y gloriosamente, sino también que sus universos futuros o extraterrestres ligan la organización del dispositivo ficcional al efecto sublime de un novum tecnocientífico.

14 de diciembre de 2014

Por qué nos gustan las mujeres, de Mircea Cartarescu

Por qué nos gustan las mujeres es una colección artículos o relatos sobre las mujeres, obra del escritor rumano Mircea Cartarescu. Si abres el libro, te encontrarás en primer lugar con el prólogo escrito por Max Lacruz Bassols en el que se explica que el libro ha sido un fenómeno editorial en Rumanía y que fue elegido libro del año en 2005. Se menciona además lo sorprendente de este hecho, teniendo en cuenta que Cartarescu es un autor de culto, considerado difícil, candidato al premio Nobel y comparado por la crítica con Borges, Proust o Kafka. Se habla también de la madurez que muestra el autor en esta obra “de escritura sencilla y liviana” para pasar a revelar, finalmente, que la mayoría de los textos son encargos de la revista Elle en su edición en lengua rumana. “Historias pensadas para mujeres, se pensará de inmediato. Literatura de consumo, literatura femenina. Pues no está claro que sea así [...].” Quizás ahí debería saltar la primera alarma pero es posible que no la oigas, como me pasó a mí, y des comienzo a la lectura con curiosidad y buen ánimo. 

El primer artículo con que te encontrarás es “La negrita” (segunda alarma) donde, después de contarnos algún recuerdo suyo, nos explica su fascinación por una mujer vista en el metro de San Francisco.
El siguiente, “Para D., vingt ans après”, es más interesante y nos habla de una chica con la que salió, que dormía con los ojos abiertos y que tenía como cualidad especial el recordar con detalle sus sueños. De D. nos dice el autor que “era maravillosa”, que “tenía los más hermosos ojos azules” y que “no era muy inteligente, [...] me compadecían aparatosamente por el desequilibrio de nuestras relaciones”. Afirma después: “Más tarde, al narrar sueños en mis libros, me aproveché en innumerables ocasiones [...] para robarle las más encantadoras y mejor trabadas visiones” y termina con lo siguiente: “Ruego a D. –wherever she is- (¿¡??) que acepte este pequeño texto no solamente como moneda de cambio por las palabras que me dijo no hace tanto sino como un tierno homenaje”. Llegados a este punto creo que ya las alarmas se han acabado de disparar.

30 de octubre de 2014

Rojo aceituna, de Ronaldo Menéndez

Esta reseña llega con mucho retraso. Fue justo antes del verano cuando, mientras preparábamos nuestras maletas, abordamos el tema de los viajes y tuvimos a Ronaldo Menéndez con nosotros para hablarnos de su libro Rojo aceituna. Ronaldo Menéndez es autor de varias novelas y libros de relatos, galardonados con los premios de la Casa de las Américas y Lengua de Trapo, además del profesor de escritura creativa. 

Nacido en La Habana, llevaba muchos años en Madrid cuando, en 2012 decidió dejarlo todo y marcharse con Natalia, su pareja, a recorrer el mundo. Irse, alejarse, huir. «No es la luz lo que me atrae, sino la sombra lo que me empuja», dice al inicio del libro. Luego nos habla de la crisis que golpeaba con fuerza a España y a todo Occidente, pero también de algo más existencial, de una nostalgia de los lugares nunca pisados, de un impulso incontrolable de salir de esa rueda en la que como ratones atrapados saltamos de radio en radio, día tras día. En septiembre de 2012, Ronaldo, por las razones que fuera, dejó de mirar de frente y saltó a un lado, saliendo así de la rueda para empezar a disfrutar de su tiempo. Porque esa es una de las experiencias más palpables en Rojo aceituna, el alargamiento del tiempo, la sensación de que cada instante es vivido.
Ronaldo se fue de Madrid, dijo que iba a visitar a su madre, a sus amigos y a ver qué había sido del comunismo en el mundo, y que por eso quería visitar aquellos países asiáticos en los que el comunismo ha estado o está aún presente. De ahí el subtítulo del libro, «viaje a la sombra del comunismo», un subtítulo que, sin embargo, resulta engañoso al hacer pensar en un libro más periodístico o incluso político de lo que es (de hecho, varios de los contertulios comentaron que, en las librerías, Rojo aceituna se hallaba ubicado en la sección de política).

25 de julio de 2014

Salvaje, de Cheryl Strayed

 
Cheryl  Strayed, la autora y protagonista de Salvaje, es capaz con 26 años de recorrer el sendero del macizo del Pacífico, más de 4.000 km de camino que bordea toda la costa oeste de Estados Unidos, completamente sola. Durante este trayecto carga con una mochila, que ella misma bautiza Monstruo por sus dimensiones, en la que se lleva lo imprescindible y entre esos imprescindibles se encuentran Nabokov, Coetzee, Flannery O´Connor, Faulkner... Cada día, después de recorrer ni sabe los kilómetros por  zonas desérticas o de nieve, según toque,  después de haberse encontrado con un oso o haber tenido que atravesar una montaña de hielo, o tras haber visto sin poder evitarlo como su  bota se despeñaba por una montaña,  monta su  tienda y encuentra la paz en la literatura. Es decir, Cheryl Strayed es una autora valiente para la que  leer es tan esencial como comer o dormir y, por eso, no es raro que  Salvaje sea  una obra maravillosamente escrita y, además, desde  las entrañas.

7 de julio de 2014

La información del silencio, de Álex Grijelmo

Álex Grijelmo es presidente de la Agencia EFE desde 2004. Periodista de profesión, trabajó durante años en El País, donde fue redactor jefe de diversas secciones. Durante el mandato de Grijelmo se ha creado la Fundación del Español Urgente (la Fundéu), entidad sin ánimo de lucro que tiene como principal objetivo favorecer el buen uso del idioma español en los medios de masas; y se ha aprobado además el Estatuto de la Redacción, que garantiza la independencia informativa. Por otra parte, Grijelmo es autor de diversas obras relacionadas con el periodismo y especialmente con la lengua, entre ellas El estilo del periodista (1997), Defensa apasionada del idioma español (1998), La seducción de las palabras (2000), La punta de la lengua (2004) y El genio del idioma (2004).
En La información del silencio (Cómo se miente contando hechos verdaderos), el autor desarrolla un extenso tratado sobre la transmisión de información que se produce en los intersticios entre las palabras. Grijelmo explora la forma en que se trabaja con el silencio en distintas esferas (la naturaleza, la semiótica, las artes plásticas, la música, la literatura, el cine, la imagen noticiosa, el lenguaje y la retórica), exponiendo abundantes ejemplos que sirven para apuntalar su teoría, que podría resumirse en que el silencio forma parte de la comunicación, es comunicación y transmite información. “Basta que ese silencio esté inserto en un mensaje y lo modifique. Por tanto, el mensaje omitido puede convertirse en un mensaje emitido, ya que la ausencia forma parte de la presencia”.

30 de junio de 2014

Las reputaciones, de Juan Gabriel Vásquez

Juan Gabriel Vásquez nació en Bogotá (Colombia) en 1973. Es autor de varias novelas, entre ellas El ruido de las cosas al caer, merecedora del Premio Alfaguara en 2011.
Las reputaciones es una novela corta, un formato difícil en todos los sentidos. Demasiado larga para ser un cuento, demasiado breve para ser una novela, la novela corta tiene un aliento especial que juega con la riqueza de personajes, tramas y tiempos con que se construye una novela, pero mantiene el impulso único e intenso de un relato. Las reputaciones, sin embargo, falla por los dos lados. Con una trama única y personajes sin fuste, salvo en el caso del protagonista, y sin un hilo argumental electrizante, ni aprovecha los recursos novelísticos, ni mantiene ese estado de suspensión que un cuento eficaz aporta.

La historia empieza con brío y la primera escena en la que se nos presenta a Mallarino mientras se sienta para que un limpiabotas (un “embolador”) le embetune los zapatos, me parece magistral. “Él ya no venía casi nunca a la ciudad, y se había acostumbrado a mirar el mundo a través de las pantallas y las páginas, a dejar que la vida le llegara en lugar de perseguirla hasta sus escondites, como si hubiera comprendido que sus méritos se lo permitían y que ahora, después de tantos años, era la vida la que debía buscarlo a él”. Durante páginas vemos a un hombre hecho a sí mismo, acomodado ya en un entorno de respeto y prestigio, más nostálgico del pasado que ávido del futuro. Me gusta cómo el narrador se mete en la piel de Mallarino y me parece un acierto la elección de ese protagonista, un caricaturista sin piedad que con su lápiz tiene atenazada a la flor y nata del país. La ciudad, el pasado de Mallarino, sus divagaciones, todo se entremezcla con delicadeza y prosa ágil en esa primera escena, larga y densa, sencilla y seductora. Y, sin embargo, ya en esa primera escena se encuentra, sin que lo sospechemos aún, el primer escollo, porque Mallarino cree ver a un tal Rendón, otro caricaturista muerto hace 69 años, y esa visión hace esperar algún misterio en torno a ese hombre que, lamentablemente, no vuelve a aparecer nunca más en toda la novela sino como recuerdo del pasado. 

23 de junio de 2014

Tema: Los viajes

Nuestra próxima reunión girará en torno a los viajes, un tema estupendo para empezar a preparar las vacaciones.
Hubo un tiempo en que los viajes nacían de la necesidad. La gente se desplazaba por razones económicas, por supervivencia o por afán de conquista. Los viajes, además, se hacían a lomos de animales, o como mucho en barco. Y eran tan largos que para el que los hacía no eran tanto un viaje como una etapa más de su vida.
No fue hasta el siglo XIX cuando se empezó a viajar por motivos de ocio, cuando las familias de clase alta, especialmente de Inglaterra, Alemania o Francia, empezaron a desplazarse sin otro motivo que disfrutar del sol, del arte, o de los beneficios de los baños marinos o las aguas termales.
Y ya en el siglo XX, los viajes dejaron de ser privilegio de las élites y todos empezamos a viajar. En 1950 se registraron 50 millones de turistas internacionales, cifra que aumentó a los 278 millones en 1980, a 528 millones en 1995 y superó los mil millones en 2013.
La gente hoy viaja constantemente, por trabajo, para estudiar, para visitar a amigos y parientes, para descansar..., pero cuando hablamos del viaje por excelencia, ¿en qué pensamos?
Para hablar de todo ello, tenemos esta vez un libro de Ronaldo Menéndez, Rojo aceituna, y una propuesta abierta de cualquier otro libro de viajes.
Antes de salir rumbo a otro lugar este verano, os propongo preguntaros ¿qué me quiero traer de ese viaje?, ¿fotos, anécdotas, artículos de artesanía para decorar la casa, conocimientos, experiencias, confianza, libertad?
O yendo más lejos, ¿qué es realmente lo que me mueve a viajar? Citando a Ronaldo Menéndez, ¿es la luz lo que me atrae o la sombra la que me empuja? 



9 de abril de 2014

Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza. Rafael Argullol

Rafael Argullol es un autor prolífico y merecedor de numerosos premios. Es además catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Y es, en mi opinión, uno de esos eruditos humanistas que parecen extinguidos de la faz de la Tierra. 
Maldita perfección recoge 22 ensayos, escritos con ese estilo híbrido que caracteriza a Argullol y que combina la narración con la exposición de ideas y la transmisión de información. En cada uno de esos ensayos Argullol se detiene en una obra de arte, pero su exploración se guía por una visión subjetiva, por un viaje interior del autor desde sus conocimientos previos hasta el descubrimiento de ese elemento transcendental que esa obra en concreto posee.
            El subtítulo del libro, “Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza”, debería arrojar luz sobre las intenciones del autor al elaborar esa compilación. Si bien las conexiones con el sacrificio son oscuras, lo que sí brilla en un ensayo tras otro es la celebración de la belleza en relación con el arte.
            “El arte vela y revela al mismo tiempo la verdad de las cosas: el enigma”, dice Argullol. Y eso es lo que hace el autor en sus ensayos, si bien indirectamente, porque no es él quien nos revela los enigmas, sino el que nos lleva de la mano y nos hace partícipes de las propias revelaciones que él mismo experimenta ante una selección de obras de arte que incluyen tanto obras pictóricas como obras literarias de distintos estilos y épocas.
            Si tuviera que recomendar algunos de los ensayos, recomendaría en primer lugar el de “Meditación en torno a un cuerpo yacente”, en el que el autor nos narra su primer enfrentamiento a un cadáver para acabar hablándonos de su encuentro con El Cristo de Mantegna, un cuadro en el que el pintor tuvo el magnífico acierto de retratar el cuerpo de Cristo tumbado sobre una mesa y visto desde los pies, una forma sumamente original de realizar un retrato, pero más aún de mostrarnos a la figura de Jesucristo. Argullol define ese instante como: “el momento más humano de Cristo. No hay otro en el que esté tan desprotegido”. Y es precisamente esa humanidad, esa vulnerabilidad máxima, la que nos acerca al cristianismo primitivo, al del hombre que quiso sacrificarse y que puso al alcance de los pobres el reino de los cielos.
            Muy recomendables son también los ensayos sobre El jugador de Dostoievsky, donde Argullol pone de relieve la anatomía de una pasión por encima de otros aspectos formales de una novela escrita en 21 días, o sobre El Gatopardo, de Lampedusa, una de las pocas novelas contemporáneas en las que el protagonista tiene rasgos de héroe clásico. Claro que también es posible que me hayan gustado a mí más simplemente porque son obras que me gustan. En realidad, hay ensayos para todos los gustos y  todos ellos tienen algo que descubrirnos.
            Que alguien quiera hoy contarnos hoy una experiencia estética, que haga además semejante despliegue de sabiduría y conocimientos, puede resultar excesivo e incluso suscitar cierto desasosiego, pero merece la pena. El esfuerzo de detenernos un poco y dejarnos abrumar por la erudición de Argullol nos compensará con el placer de acompañarle de enigma en enigma.


28 de marzo de 2014

Tema: La belleza

Nuestro último debate giró en torno a la belleza. Leímos Maldita perfección, de Rafael Argullol, El loro de Flaubert, de Julian Barnes, y Lo bello y lo triste, de Yasunari Kawabata.
Nos hicimos muchas preguntas. ¿Qué es lo bello? 

            ¿Qué relación hay entre lo bello y lo bueno? ¿Puede aceptarse como bello algo que consideramos malo? ¿Es bello el cuadro de Saturno devorando a sus hijos? ¿Y una corrida de toros?
Una tormenta es bella cuando se mira desde la ventana, pero ¿sigue siendo bella cuando se está a bordo de un barco de pesca?
            ¿Hay cánones universales? ¿O cambian los cánones en función de la época o de la cultura?
A veces confundimos también la belleza con el arte pero no son lo mismo ¿cómo se relacionan?
            Muchas preguntas, pero pocas respuestas para un tema como es el de la estética que parece secundario en tiempos de crisis pero ¿lo es realmente?

1 de marzo de 2014

Chavs: la demonización de la clase obrera

Pablo Gutiérrez


Consideraba E. P. Thompson, el gran teórico renovador de las ideas sobre las clases y la configuración de las sociedades industriales capitalistas, que había que prestar una particular atención a la “experiencia” de los protagonistas, y que las teorías, en especial las grandes teorías y los grandes conceptos, sólo son válidos en la medida en que ayuden a entender las vivencias, emociones, prácticas diarias, o relaciones entre las personas concretas, en su momento concreto.
Owen Jones, en su “Chavs: la demonización de la clase obrera”, prescinde por completo de las grandes teorías, y se centra en las dos caras de la experiencia de la clase trabajadora en el Reino Unido actual: cómo la clase obrera, o mejor, los integrantes de esa clase, se percibe a sí misma, cuáles son sus aspiraciones, condiciones de vida y obstáculos para su mejora, y cómo la clase dominante percibe, o quiere percibir, a esa clase trabajadora.
No se ocupa el autor de ninguna teoría sobre las clases, sino de cómo la realidad de la clase, que mantiene su plena vigencia en la realidad contemporánea, es vivida en su concreción, y en cómo las modificaciones en la realidad de la estructura económica y productiva de la sociedad han determinado que se llegue al punto actual.
Ya desde el título, el autor otorga un papel clave a la construcción de la imagen de la clase trabajadora. El texto analiza con detalle tanto esa construcción como las consecuencias que se derivan de ella: cómo para la puesta en marcha del programa de cambio de la sociedad a la que aspiraba el Partido Conservador con la llegada de Thatcher al poder se conjugan las medidas directas de ataque a la clase trabajadora (ataque al sector minero, al sector industrial, promoción del sector financiero, traslado de las cargas impositivas desde los sectores más adinerados a los menos) con los ataques a la propia condición de la clase trabajadora.
El poder insiste una y otra vez, a través de sus múltiples canales de control de los medios de comunicación, en que “las clases no existen”, “todos somos clases medias”, en que las malas condiciones de vida son estrictamente individuales, culpa de quienes se encuentran en esa situación, y que estas personas que no se han incorporado a la clase media deben “aspirar” a esa integración, abandonado su clase.
La sociedad, según estos mensajes, estaría formada por una omnipresente clase media y un grupo de inadaptados, vagos, aprovechados, incapaces, que, por sus propias características, han quedado al margen de la corriente social mayoritaria. Se sigue de esta concepción de la sociedad que no hay ninguna obligación, ni política ni ética, de tomar medidas desde el poder para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora, ya que no existiría tal clase, y los marginados de la sociedad lo son por sus propias insuficiencias y falta de ambición.
Esta imagen, esta demonización, es la que el autor combate, eficazmente en el texto, mostrando sus mecanismos de elaboración y difusión y desmontando sus argumentos. La clase trabajadora existe, es numerosa, tiene problemas identificables, y es víctima, y no culpable, de su situación; situación que puede y debe mejorarse, para atender a las necesidades concretas de personas concretas.
No es realista supeditar la mejora de las condiciones de vida a una salida de la propia clase, sino que debe trabajarse por mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora en su conjunto, aunque sigan siendo clase trabajadora. Tras la segunda Guerra Mundial, el gobierno laborista liderado por Atlee y Bevan se centró en ese objetivo, y creó el estado de bienestar británico.
Un estado de bienestar cuya historia, con sus victorias y sus insuficiencias, es una historia globalmente de éxito. La clase trabajadora obtuvo viviendas en condiciones dignas, atención sanitaria universal, y trabajos estables con sueldos aceptables y condiciones duras, pero que proporcionan medios de vida suficientes, gracias en parte a unos sindicatos con poder en la gestión de las relaciones laborales. Los laboristas tenían un modelo social, y lo fueron poniendo en marcha, ganando la batalla de las ideas, de modo que los conservadores, cuando ganaron elecciones, debieron limitarse a administrar y gestionar, sin discutirlo, ese estado de bienestar que se fue consolidando.
En los últimos años la situación es la inversa. El modelo social representado por Thatcher acaba con el modelo social anterior, y es aceptado por los laboristas, que en su largo periodo de ejercicio de poder no sólo no revierten las medidas conservadoras, sino que, gestionándolo, profundizan en el modelo, con mejoras puntuales, pero no estructurales, para los sectores desfavorecidos.
Bajo el “Nuevo Laborismo”, la minería productiva, la manufactura industrial, las viviendas sociales, los sindicatos, los sueldos de los trabajadores, la estabilidad en el puesto de trabajo, siguen siendo objeto de ataques ininterrumpidos; la clase obrera sigue siendo demonizada, y la insistencia en que “todos somos clase media” se extiende.
El autor huye voluntariamente de generalizaciones y construcciones teóricas, analizando la situación concreta del Reino Unido en la actualidad. Sin embargo, sí ofrece una caracterización genérica de quienes considera integrantes de la clase trabajadora (quienes viven de vender su fuerza de trabajo, y tienen poco o ningún control sobre sus tareas laborales) y sobre las principales necesidades que deben atenderse.
La clase trabajadora necesita viviendas en número y condiciones adecuados; trabajos estables y bien remunerados; sindicatos con capacidad de intervención en el puesto de trabajo; educación y sanidad de calidad de acceso universal. Tales medidas son, para el autor, factibles y realistas, aunque precisan, antes de nada, de un reconocimiento de que la clase trabajadora existe, de que esos sectores sociales no son culpables de su situación y sí dignos de atención, y por tanto pensar en sus necesidades, poniéndolas dentro del debate público y político.
Para ello debe dejar de ser aceptable la ridiculización pública de la clase trabajadora, como lo es la de cualquier otro colectivo. Debe detenerse la proliferación de los estereotipos, y el conjunto de la sociedad debe empezar a ver ejemplos de clase trabajadora bajo una luz positiva.
Ambos conjuntos de actuaciones, las políticas y las periodísticas, están obstaculizadas por el hecho de que la inmensa mayoría de los políticos y periodistas proceden, en la actualidad, de sectores privilegiados de la sociedad, y no pueden, salvo con un gran esfuerzo personal, identificarse, ponerse en el lugar, entender, las preocupaciones y los motivos de actuación de la clase trabajadora.
El autor tiene como objetivo declarado volver a situar en la agenda pública la idea de clase como uno de los elementos de análisis de la realidad. Y, a pesar de algunos altibajos, argumenta convincentemente su postura. Si bien su análisis está restringido al Reino Unido, no es difícil aplicar los análisis a otros lugares. Un libro que difícilmente decepcionará a sus lectores.


26 de febrero de 2014

¡Viva la lectura y muerte a la indiferencia!

Hace tres años, a estas horas, me preguntaba: ¿cómo es posible que gente como la que acabo de conocer esta tarde haya perdido un solo minuto en invitarme a esa tertulia e incluso haya escuchado con atención mis pobres y balbuceantes palabras? Salí de esa reunión lleno de admiración por cada una de aquellas personas, envuelto en optimismo inconsciente y embozado en la cobardía de mi presumible incapacidad para afrontar el reto que nos marcábamos. Crear un club de lectura para leer mes a mes un ensayo y una novela. Aún hoy, 36 meses después, sigo pensando cómo es posible hacer una selección humana tan afín, tan heterogénea y tan complementaria. Maite debe tener el verdadero secreto, a mi sólo se me ocurre la palabra confianza. Confianza en el próximo conocido y confianza en el otro desconocido.

Casi un centenar de libros después, tras muchas horas de tertulia presencial, de charla virtual y de conexiones astrales, nos hemos acercado hasta desmenuzar nuestras conciencias para constatar que además de apasionarnos la lectura, nos apasiona la vida, nos preocupa el presente, estamos convencidos que otro mundo es posible y que, aún de forma limitada, Tertulectos puede y debe facilitar esa otra manera de pensar la sociedad. Estamos convencidos de que SI SE PUEDE.

El nombre del grupo y la creación del blog Tertulectos vinieron un poco más tarde. Nacieron de esa necesidad de trasladar el conocimiento más allá de nuestro reducido entorno para –en palabras de Almudena de hace unos minutos- “seguir poniendo granitos de arena, a ver si las palabras van calando y se nos pasan las ganas de tirar piedras” 

Leer, debatir y contarlo no es fácil y requiere un esfuerzo que sólo la ilusión recompensa. Y este es otro de los principios, no caer en el patrocinio, ni en condicionantes externos, reseñar y escribir sólo desde la conciencia individual. Tal vez el blog respire demasiada asepsia, tal vez le falte calor y color, pero puedo garantizar que el contenido es contundente y rayano en la excelencia. Casi 18.000 visitas y el premio LIEBSTER BLOG AWARD, concedido por otros blogueros, lo avalan.

Hace unos meses creamos una página en Facebook para compartir información y proponer debates de forma más espontanea y aprovechar la frescura e inmediatez que esta red social posibilita. Estamos muy satisfechos con los resultados y os invitamos a participar.

Debo terminar y tengo que hacerlo con una frustrante reflexión: “Lo mejor de Tertulectos no está en este blog, ni en Facebook, ni en el aire. Lo mejor de Tertulectos son las personas que forman este grupo y vosotros los que nos leéis y seguís. Estáis invitados a nuestras tertulias ¡Viva la lectura y muerte a la indiferencia!

He aprendido mucho en estos tres años, pero además, y perdonad la jactancia, también habéis conseguido que crea, que algo he enseñado y esto es puro humanismo de vuestra parte. 

Gracias Maite, Kina, Carmen, Charo, Claudio, Almudena, Milica, María, Mª Carmen y todas/os los/as que habéis compartido momentos inolvidables y que por motivos profesionales o personales sois hoy satélites brillantes que algún día reaparecerán como supernovas.


¡Felicidades Tertulectos!